Un Prodigio Biológico

Corredor Mesoamericano del Atlántico Panameño

Fotos: Roberto Paoli / Anam Asociación Nacional del Medio Ambiente

Panamá, el vigésimo octavo país en el mundo con la mayor diversidad biológica, y el décimo del planeta en proporción a su tamaño, posee el mayor número de animales vertebrados que cualquier otro país en Centro América o el Caribe; mayor número de especies de aves que los Estados Unidos y Canadá juntos; y 21 veces más especies de plantas por kilómetro que Brasil, se estima que la diversidad de la flora de Panamá puede estar en 8,532 especies de plantas con flores, entre otros tipos de plantas.


Por otro lado y dada la diversidad de ecosistemas como los bosques montañosos, bosques lluviosos de tierras bajas, sabanas y humedales, y la cobertura boscosa de la vertiente del Atlántico, es razonable suponer que la mayoría de las especies de fauna y flora con que cuenta Panamá se encuentren en la región de Centroamérica.

 

Tal espectacularidad y multitud de formas naturales recrean un escenario poco común en el planeta de sobrecogedora belleza, colores y armonía silvestre, siendo además el hogar de una fascinante diversidad humana y cultural estrechamente unida a la exuberante riqueza de este santuario de la vida.


Esta excepcional característica de nuestro istmo convierte a Panamá en uno de los eslabones de mayor importancia dentro del proyecto internacional del Corredor Biológico Mesoamericano, zona que busca convertirse en una de las reservas naturales más importantes del continente.


La región Mesoamericana, un cinturón verde de extraordinaria y abundante vida natural y que se inicia en Darién en Panamá y se prolonga hasta la Selva Maya, en el sur de México, atravesando el territorio de 8 países; sustenta la vida de más de 40 millones de personas y en esta misma región se encuentra cerca del 10% de la biodiversidad mundial conocida. Conservarla es una prioridad regional y crear conciencia acerca de la fragilidad de sus ecosistemas es una de las metas primordiales de este proyecto.

En Panamá el proyecto alcanza la región del Atlántico Norte, uniendo en 3 millones de hectáreas, tanto de tierra firme como en áreas marinas, al 39.7% del territorio nacional. Fundidos a estos ambientes naturales se encuentran los pueblos indígenas Naso-Teribe, Ngöbe-Buglé, Emberá-Wounan y Kunas. Estas ancestrales culturas que han aprendido a desarrollar y mantener por siglos un delicado equilibrio con la naturaleza, dependen económica y espiritualmente de las regiones incluidas dentro del Corredor Biológico del Atlántico Norte Panameño (CBMAP), convirtiéndose en guardianes de los amplios bosques que cubren la región con su verde manto viviente.

Esta es una de las mejores oportunidades para integrar la sabiduría, destrezas y conocimientos de los pueblos indígenas al desarrollo y preservación del patrimonio natural de la región. Por otro lado, el proyecto, gestionado por la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), además de fortalecer y generar una nueva conciencia comunitaria en torno a la preservación del tesoro silvestre y sus múltiples manifestaciones vivientes, agrega un componente innovador que busca promover el desarrollo sostenible de las comunidades rurales a través del manejo y conservación de la diversidad biológica.

En otras palabras, se está trabajando para enseñarle a la gente a encontrar un nuevo equilibrio entre desarrollo económico y conservación del medioambiente, en donde la naturaleza no tenga que ser sacrificada para sostener las exigencias de las poblaciones que permanentemente requieren crecer y generar actividades comerciales que les permitan sostenerse.


Para los pueblos de alrededor de las regiones del Corredor Biológico, esta es además, una respuesta que alivia la angustia de tener que abandonar las tierras maternales en busca de un futuro más esperanzador en las ciudades. Se les enseña a las poblaciones rurales a mirar a la selva y a los montes como la base que los sustenta. De esta manera preservan el entorno natural porque dependen de él y ven los beneficios económicos directos de no perturbar el medioambiente con la tala excesiva ni la casa de especies animales o la contaminación.


En este sentido, la ANAM ha capacitado durante los cerca de cinco años de intensa actividad que lleva adelantado el proyecto del CBMAP a más de 150 promotores, voluntarios y líderes comunitarios generando una verdadera revolución verde, para que puedan incorporarse en el manejo y protección de las zonas silvestres. Esperamos que las personas, tanto los campesinos como los indígenas, y la gente de las ciudades, se sientan comprometidas con el medio ambiente y comprendan que la preservación es responsabilidad de todos. Durante este tiempo se ha estado enseñando a las comunidades involucradas a descubrir que es posible y rentable vivir en armonía con la naturaleza.

Alrededor de un centenar de proyectos en áreas como reforestación, artesanías, ecoturísmo y cría de especies en peligro de extinción, entre otros, están siendo ejecutados con un alto índice de efectividad, convirtiendo al proyecto del CBMAP en un verdadero caso de estudio y una de las acciones exitosas financiadas por el Fondo Mundial para el Ambiente (GEF), institución administrada por el Banco Mundial.


Cientos de miles de años de historia natural pueden contar ahora con una oportunidad para alcanzar al próximo relevo generacional, a quienes les corresponde la misión de preservar la extraordinaria riqueza y biodiversidad guardada en esa frágil y portentosa extensión de tierra y mar que se espera mantener como patrimonio viviente y permanente, testimonio de la voluntad y el compromiso de los seres humanos con el planeta. Sin embargo en las manos nuestras está el futuro, un tiempo que no nos corresponde y que puede ser mejor para las generaciones venideras si hoy nos esforzamos por mantener la plenitud de esa riqueza única que nos rodea y embellece.


La idea de crear el Corredor Biológico en la región nace en 1992, cuando se le encargó al Consejo Centroamericano de Áreas Protegidas, el desarrollo del Sistema Mesoamericano de Parques Nacionales y Áreas Protegidas. En 1997 es adoptado, finalmente, el acuerdo que establece formalmente el concepto de Corredor en la Cumbre de Presidentes de Centroamérica, efectuada en Panamá. Esta innovadora idea se transforma en el proyecto del Corredor Biológico Mesoamericano, un esfuerzo conjunto que une a países como México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, incluyendo Panamá. Este es uno de los esfuerzos más completos e integradores por preservar y mantener los vínculos biológicos, sociales, culturales y étnicos a lo largo de la región.

En la región incluida dentro del Corredor Mesoamericano del Atlántico Norte Panameño, se haya una de las más increíbles manifestaciones naturales del mundo. Cientos de especies animales, lugares sagrados, plantas medicinales con propiedades curativas aún desconocidas para la humanidad, se encuentran aún protegidos en esa región.

Lo que se espera lograr es mantener inalteradas una amplia gama de hábitat y ecosistemas como los bosques húmedos de la región Chocó/Darién, los hábitat ubicados en la región de Bocas del Toro, que se extienden desde los bosques montañosos del Parque Internacional La Amistad y cuencas hidrográficas asociadas, hasta las zonas de humedales de la costa y manglares, pastos marinos y arrecifes de coral del Parque Nacional Isla Bastimentos.

Las áreas dentro del Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Norte abarcan el Parque Internacional La Amistad, Parque Nacional Volcán Barú en la provincia de Chiriquí; Comarca Ngöbe-Buglé (Región Ño-Kribo), Territorio Naso-Teribe, Área insular y continental (PILA, Changuinola, Chiriquí Grande y Bocas del Toro) en la provincia de Bocas del Toro; Parque Nacional Omar Torrijos Herrera en la provincia de Coclé; Distrito de Santa Isabel en Costa Arriba de la provincia de Colón; Comarca Kuna-Yala; Comarca Madungandi, en la región Este de la provincia de Panamá (incluyendo los corregimientos de Cañitas y El Llano); y el Parque Nacional Darién en la provincia del Darién.

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