|
En Panamá
el proyecto alcanza la región del Atlántico
Norte, uniendo en 3 millones de hectáreas, tanto de
tierra firme como en áreas marinas, al 39.7% del territorio
nacional. Fundidos a estos ambientes naturales se encuentran
los pueblos indígenas Naso-Teribe, Ngöbe-Buglé,
Emberá-Wounan y Kunas. Estas ancestrales culturas que
han aprendido a desarrollar y mantener por siglos un delicado
equilibrio con la naturaleza, dependen económica y
espiritualmente de las regiones incluidas dentro del Corredor
Biológico del Atlántico Norte Panameño
(CBMAP), convirtiéndose en guardianes de los amplios
bosques que cubren la región con su verde manto viviente.
Esta es una
de las mejores oportunidades para integrar la sabiduría,
destrezas y conocimientos de los pueblos indígenas
al desarrollo y preservación del patrimonio natural
de la región. Por
otro lado, el proyecto, gestionado por la Autoridad Nacional
del Ambiente (ANAM), además de fortalecer y generar
una nueva conciencia comunitaria en torno a la preservación
del tesoro silvestre y sus múltiples manifestaciones
vivientes, agrega un componente innovador que busca promover
el desarrollo sostenible de las comunidades rurales a través
del manejo y conservación de la diversidad biológica.
En otras palabras,
se está trabajando para enseñarle a la gente
a encontrar un nuevo equilibrio entre desarrollo económico
y conservación del medioambiente, en donde la naturaleza
no tenga que ser sacrificada para sostener las exigencias
de las poblaciones que permanentemente requieren crecer y
generar actividades comerciales que les permitan sostenerse.
Para los pueblos de alrededor de las regiones del Corredor
Biológico, esta es además, una respuesta que
alivia la angustia de tener que abandonar las tierras maternales
en busca de un futuro más esperanzador en las ciudades.
Se les enseña a las poblaciones rurales a mirar a la
selva y a los montes como la base que los sustenta. De esta
manera preservan el entorno natural porque dependen de él
y ven los beneficios económicos directos de no perturbar
el medioambiente con la tala excesiva ni la casa de especies
animales o la contaminación.
En este sentido, la ANAM ha capacitado durante los cerca de
cinco años de intensa actividad que lleva adelantado
el proyecto del CBMAP a más de 150 promotores, voluntarios
y líderes comunitarios generando una verdadera revolución
verde, para que puedan incorporarse en el manejo y protección
de las zonas silvestres. Esperamos que las personas, tanto
los campesinos como los indígenas, y la gente de las
ciudades, se sientan comprometidas con el medio ambiente y
comprendan que la preservación es responsabilidad de
todos. Durante este tiempo se ha estado enseñando a
las comunidades involucradas a descubrir que es posible y
rentable vivir en armonía con la naturaleza.
Alrededor de
un centenar de proyectos en áreas como reforestación,
artesanías, ecoturísmo y cría de especies
en peligro de extinción, entre otros, están
siendo ejecutados con un alto índice de efectividad,
convirtiendo al proyecto del CBMAP en un verdadero caso de
estudio y una de las acciones exitosas financiadas por el
Fondo Mundial para el Ambiente (GEF), institución administrada
por el Banco Mundial.
Cientos de miles de años de historia natural pueden
contar ahora con una oportunidad para alcanzar al próximo
relevo generacional, a quienes les corresponde la misión
de preservar la extraordinaria riqueza y biodiversidad guardada
en esa frágil y portentosa extensión de tierra
y mar que se espera mantener como patrimonio viviente y permanente,
testimonio de la voluntad y el compromiso de los seres humanos
con el planeta. Sin embargo en las manos nuestras está
el futuro, un tiempo que no nos corresponde y que puede ser
mejor para las generaciones venideras si hoy nos esforzamos
por mantener la plenitud de esa riqueza única que nos
rodea y embellece.
La idea de crear el Corredor Biológico en la región
nace en 1992, cuando se le encargó al Consejo Centroamericano
de Áreas Protegidas, el desarrollo del Sistema Mesoamericano
de Parques Nacionales y Áreas Protegidas. En 1997 es
adoptado, finalmente, el acuerdo que establece formalmente
el concepto de Corredor en la Cumbre de Presidentes de Centroamérica,
efectuada en Panamá. Esta innovadora idea se transforma
en el proyecto del Corredor Biológico Mesoamericano,
un esfuerzo conjunto que une a países como México,
Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa
Rica, incluyendo Panamá. Este es uno de los esfuerzos
más completos e integradores por preservar y mantener
los vínculos biológicos, sociales, culturales
y étnicos a lo largo de la región.
En la región
incluida dentro del Corredor Mesoamericano del Atlántico
Norte Panameño, se haya una de las más increíbles
manifestaciones naturales del mundo. Cientos de especies animales,
lugares sagrados, plantas medicinales con propiedades curativas
aún desconocidas para la humanidad, se encuentran aún
protegidos en esa región.
Lo que se espera
lograr es mantener inalteradas una amplia gama de hábitat
y ecosistemas como los bosques húmedos de la región
Chocó/Darién, los hábitat ubicados en
la región de Bocas del Toro, que se extienden desde
los bosques montañosos del Parque Internacional La
Amistad y cuencas hidrográficas asociadas, hasta las
zonas de humedales de la costa y manglares, pastos marinos
y arrecifes de coral del Parque Nacional Isla Bastimentos.
Las áreas
dentro del Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico
Norte abarcan el Parque Internacional La Amistad, Parque Nacional
Volcán Barú en la provincia de Chiriquí;
Comarca Ngöbe-Buglé (Región Ño-Kribo),
Territorio Naso-Teribe, Área insular y continental
(PILA, Changuinola, Chiriquí Grande y Bocas del Toro)
en la provincia de Bocas del Toro; Parque Nacional Omar Torrijos
Herrera en la provincia de Coclé; Distrito de Santa
Isabel en Costa Arriba de la provincia de Colón; Comarca
Kuna-Yala; Comarca Madungandi, en la región Este de
la provincia de Panamá (incluyendo los corregimientos
de Cañitas y El Llano); y el Parque Nacional Darién
en la provincia del Darién. |